IA en la escuela: avance útil con riesgos reales
La expansión de la inteligencia artificial (IA) hacia actividades cotidianas alcanzó con fuerza a la educación. Su potencial para apoyar tareas y generar contenidos es innegable; no obstante, su empleo sin guía ni criterios puede alterar la manera en que niñas, niños y adolescentes desarrollan habilidades de aprendizaje. Un análisis reciente advierte que permitir el uso indiscriminado de estas herramientas en niveles básicos interfiere en procesos clave del desarrollo cognitivo.
El señalamiento parte de una preocupación central: la IA entrega respuestas y productos terminados, mientras que el aprendizaje humano descansa en etapas como la observación, la comparación, el análisis, la experimentación y la síntesis. Si el estudiante salta esas etapas, corre el riesgo de depender del resultado y no del proceso, con posibles efectos en la formación de hábitos de estudio y, a futuro, en la calidad de su desempeño académico y profesional.
Posición de la UNAM: formar a docentes y regular el uso
Desde noviembre de 2022, cuando se popularizaron sistemas conversacionales, universidades en el mundo han estudiado beneficios y peligros asociados. En este contexto, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha marcado dos líneas de actuación complementarias: por un lado, que el profesorado aprenda a manejar la IA para acompañar a su grupo en búsquedas, comprobación de fuentes y producción de textos, videos, audios e imágenes; por el otro, que las y los docentes establezcan controles para prevenir el uso y abuso por parte del alumnado.
- Capacitación docente: aprender a integrar la IA como apoyo didáctico y para supervisar su empleo.
- Regulación en el aula: definir límites y criterios claros de cuándo y cómo se permite su uso.
- Énfasis en procesos: asegurar que el estudiantado no sustituya el razonamiento por respuestas automáticas.
Qué está en juego en primaria, secundaria y bachillerato
La advertencia más severa del análisis se dirige a los niveles básicos. Allí, el desarrollo de capacidades como la atención, la memoria de trabajo, la resolución de problemas y la creatividad depende del tránsito por cada etapa del aprendizaje. Si la respuesta generada por IA reemplaza la exploración, el contraste entre opciones y la verificación, el estudiante podría consolidar hábitos frágiles para estudiar y conocer. A largo plazo, esto puede traducirse en brechas en la formación científica y cultural.
Este riesgo no descalifica a la tecnología. Más bien subraya que su valor emerge cuando se integra como herramienta de apoyo dentro de una secuencia pedagógica dirigida, con objetivos y evidencias de logro, y no como atajo permanente para evitar las tareas que construyen entendimiento.
Hacia políticas escolares prudentes
De acuerdo con el documento, distintos sistemas educativos han reconocido ya los retos de la IA y trabajado en estrategias para limitar o encauzar su uso en las escuelas. El punto de equilibrio se encuentra en permitir que las y los estudiantes la conozcan y comprendan sus alcances, mientras se protegen las prácticas formativas que sostienen el pensamiento crítico y la autonomía intelectual.
| Dimensión | Riesgo identificado | Acción formativa sugerida |
|---|---|---|
| Proceso de aprendizaje | Sustitución de observación, análisis y síntesis | Diseñar actividades que exijan evidencias de proceso |
| Desarrollo cognitivo | Dependencia de respuestas automáticas | Secuencias con experimentación y verificación |
| Ética académica | Uso sin criterios ni límites | Reglas claras de uso y supervisión docente |
| Competencias docentes | Brecha en manejo de IA | Formación en herramientas y evaluación |
Orientación práctica para familias y escuelas
Para acompañar a hijas e hijos en casa, es útil diferenciar entre tareas en las que la IA puede servir como apoyo (por ejemplo, explorar enfoques o estructurar un primer esquema) y aquellas en las que debe evitarse su intervención directa (resolución de problemas que requieren demostrar razonamiento). La clave es pedir que expliquen cómo llegaron a una respuesta y qué alternativas consideraron, reforzando el proceso y no solo el resultado.
- Establecer en cada curso cuándo se permite usar IA y con qué propósito.
- Solicitar productos intermedios: bosquejos, cálculos, registros de experimentos.
- Incorporar momentos de verificación: contrastar información y citar fuentes.
La discusión no es si la IA debe o no estar presente en la escuela, sino bajo qué condiciones. Con docentes capacitados y reglas explícitas, puede convertirse en un recurso que enriquezca la enseñanza sin desplazar los peldaños esenciales del aprendizaje. Sin ese marco, el riesgo es normalizar atajos que empobrecen la formación.