La Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2025, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), muestra que la satisfacción con la vida en México alcanzó su nivel más alto desde que se comenzó a medir este indicador: 8.62 puntos en 2025, por encima de los 8.45 registrados en 2021.
Sin embargo, el avance general oculta diferencias marcadas entre grupos poblacionales y territorios. El informe relaciona el bienestar no solo con el ingreso, sino con factores como la salud física y mental, la estabilidad económica y las redes de apoyo, rubros que adquirieron mayor peso en la conversación pública durante y después de la pandemia por COVID-19.
Quiénes quedan rezagados
Los datos muestran que ciertos colectivos no han recuperado el mismo nivel de satisfacción que el promedio nacional. Entre ellos destacan:
- Personas hablantes de lengua indígena: promedio de 8.33 puntos.
- Quienes viven con alguna discapacidad: promedio de 7.99 puntos.
- Diferencia por género: las mujeres registraron 5.07 frente a 5.55 de los hombres en el indicador comparado en la encuesta.
Estos resultados apuntan a persistentes desigualdades estructurales que limitan el bienestar de sectores específicos y muestran la necesidad de políticas públicas dirigidas y sensibles al contexto social.
Desigualdad regional
La distribución geográfica del bienestar también es desigual: entidades del norte aparecen con los promedios más altos, mientras que estados del sur se ubican por debajo del promedio nacional:
| Entidad | Promedio ENBIARE 2025 |
|---|---|
| Coahuila | 8.85 |
| Tamaulipas | 8.79 |
| Tabasco | 8.37 |
| Oaxaca | 8.32 |
Este patrón sugiere que, además de condiciones individuales, factores locales —como el acceso a servicios de salud, empleo y protección social— influyen en la percepción del bienestar.
Implicaciones para la política pública
El INEGI vincula el bienestar con la salud mental y recomienda considerar esa dimensión en las intervenciones. Ante una recuperación agregada, las autoridades enfrentan el reto de cerrar brechas: diseñar programas que atiendan a poblaciones vulnerables, fortalecer redes de apoyo y ampliar la cobertura de servicios de salud física y mental.
La ENBIARE 2025 aporta una radiografía útil para priorizar recursos y evaluar políticas, pero también pone en evidencia que la mejora promedio no garantiza equidad. Para avanzar en términos reales será necesario atender tanto la dimensión sanitaria como las condiciones sociales y económicas que determinan el bienestar.