Ante el aumento sostenido de las temperaturas y la recurrencia de olas de calor, el Ayuntamiento de Roma ha puesto sobre la mesa una propuesta poco convencional: explorar las cuevas, canteras y otros espacios subterráneos de la ciudad como posibles refugios climáticos. El proyecto, todavía en fase de estudio, se apoya en la vasta red de excavaciones históricas que yacen bajo la capital italiana y plantea una alternativa para ofrecer espacios frescos a la población durante episodios extremos de calor.
Un inventario de las entrañas de la ciudad
La iniciativa se apoya en trabajos técnicos previos del Instituto Superior de Protección e Investigación del Medio Ambiente (ISPRA), que desde hace años elabora una cartografía del subsuelo romano. Esa cartografía es clave para evaluar de forma rigurosa la viabilidad de convertir espacios subterráneos en puntos de socorro temporal: conocer ubicación, estabilidad estructural, accesos, condiciones higiénicas y conexiones con la red urbana.
Como ha señalado el director de la Oficina del Clima del Ayuntamiento de Roma,
«Queremos estudiar con detenimiento el tema de los espacios subterráneos»—una advertencia sobre la necesidad de análisis técnicos y sanitarios previos. El propio responsable califica el proyecto como una apuesta a largo plazo que exige múltiples evaluaciones antes de cualquier intervención.
Por qué surgen propuestas así
La idea no surge de la nada: Roma presenta cambios climáticos medibles. Según datos citados por las autoridades, la temperatura media de 2024 se situó en 19,7 °C, lo que representa un alza de 2,5 °C respecto al promedio del periodo 1991–2020. Ese incremento ha puesto de manifiesto noches tropicales y olas de calor que afectan la salud urbana y la infraestructura.
| Indicador | Valor |
|---|---|
| Temperatura media 2024 | 19,7 °C |
| Aumento respecto 1991–2020 | +2,5 °C |
Retos técnicos y sanitarios
Convertir espacios subterráneos en refugios públicos no es sólo una cuestión de habilitar accesos. Entre los retos que identifica el proyecto figuran:
- Ventilación y calidad del aire: los entornos cerrados requieren sistemas que eviten la acumulación de contaminantes y garantices renovaciones de aire seguras.
- Higiene y salubridad: presencia de humedad, mohos o residuos arqueológicos que puedan suponer riesgos para la salud.
- Accesibilidad y seguridad estructural: adaptación de entradas, salidas de emergencia y estabilidad de techos y muros.
- Gestión y logística: capacidad para recibir, orientar y abastecer a personas durante episodios críticos.
Además, la propuesta plantea interrogantes legales y patrimoniales en una ciudad cuya historia arquitectónica es patrimonio cultural: cualquier intervención deberá conciliar protección del patrimonio con necesidad de adaptación climática.
Lecciones para otras ciudades
Si bien la iniciativa es específica de Roma, su discusión ofrece lecciones útiles para ciudades mexicanas que enfrentan olas de calor más intensas: la identificación y cartografiado de espacios disponibles, la evaluación técnica rigurosa y la planificación para asegurar condiciones de salubridad y seguridad. La idea de refugios climáticos reapropiando espacios existentes obliga a ampliar la mirada sobre la adaptación urbana: no basta con medidas aisladas contra el calor; se requiere un enfoque integrado que combine infraestructura, salud pública y preservación patrimonial.
Por ahora, el plan romano permanece en fase de estudio. Lo que queda claro es que, frente a una creciente frecuencia de olas de calor, las administraciones buscan soluciones creativas, pero subordinadas a rigurosos análisis técnicos y sanitarios antes de ofrecerlas como recursos públicos.