Un nuevo episodio de El Niño con efectos económicos amplios
El reciente anuncio del inicio de El Niño plantea un nuevo factor de riesgo para la economía global en un momento de alta incertidumbre. Las autoridades del clima de Estados Unidos, incluido el Centro de Predicción Climática (CPC), estimaron que las condiciones que surgieron en mayo tenderán a intensificarse y alcanzar su punto máximo durante el invierno, con mayor probabilidad de olas de calor, precipitaciones intensas y sequías en regiones clave productoras.
Los impactos ya se han sentido en ciclos previos: durante el episodio de 2023 las variaciones climáticas alteraron la producción de cacao en África Occidental, modificaron rutas y duración de vuelos transatlánticos y afectaron el abastecimiento de ingredientes básicos. Ese patrón sugiere que la llegada del fenómeno ahora podría traducirse en aumentos de precios y cuellos de botella en cadenas de suministro globales.
Qué dicen los pronósticos y estudios sobre el impacto económico
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyectó que los precios de los alimentos en ese país podrían subir hasta 4.7% en 2026 respecto a 2025, la mayor alza en tres años. Para productos procesados a partir de azúcar y cacao —cultivos particularmente sensibles a sequías asociadas con El Niño, según Marex Group— las previsiones alcanzan aumentos de hasta 8.4%.
| Concepto | Proyección / Estimación |
|---|---|
| Incremento general de precios de alimentos (USDA, 2026) | 4.7% |
| Aumento en productos de azúcar y cacao | 8.4% |
| Pérdida de productividad atribuida a El Niño 2015-2016 (estudio Dartmouth) | 7.8 billones de dólares |
- Hogares: enfrentarían mayores costos en la canasta básica, especialmente en productos que dependen del azúcar y cacao.
- Comercios y fabricantes: verán presión en materias primas y posibles incrementos en costos de producción y logística.
- Gobiernos: deberán considerar medidas de política para mitigar impactos inflacionarios y apoyar regiones afectadas por sequías o inundaciones.
Un antecedente ilustrativo es el estudio de Dartmouth College sobre el episodio 2015-2016, que estimó una pérdida de productividad superior a 7.8 billones de dólares, con efectos que se prolongaron por años. Esa magnitud sirve como referencia de cómo los choques climáticos pueden propagarse por cadenas productivas y mercados financieros.
El reto particular ahora es la conjunción de factores: una inflación ya elevada impulsada por tensiones geopolíticas y choques en oferta, más la posible llegada de ondas climáticas extremas. Para México esto implica riesgos directos en precios al consumidor, presiones en insumos agrícolas y costos para sectores como la construcción —que también depende de materias primas sensibles a fenómenos hidrometeorológicos— y el transporte.
En los próximos meses será clave monitorear la evolución de las predicciones del CPC y reportes de agencias agrícolas, así como la respuesta de mercados de materias primas. Las autoridades económicas y los actores privados deberán anticipar ajustes en inventarios, cadenas logísticas y estrategias de precio para amortiguar el impacto en hogares y empresas.